Cómo ayudar al prójimo que ha experimentado un desastre natural
Por Michael Wacht
Hace unos años, tuve el placer de escuchar predicar el Rev. Joseph Lowery. Él fue un amigo y compadre del Rev. Dr. Martin Luther King, Jr., y un líder del movimiento de derechos civiles. En su predicación él nos preguntó: "¿Cuál es el peor tipo de desastre? ¿Es un huracán peor que un tornado? Un huracán es más grande, sin embargo se mueve muy lentamente y hay la oportunidad de advertencia. Usualmente sólo se tiene unos minutos para escaparse de un tornado. La energía de un tornado está más enfocada que otros desastres. Un terremoto es diferente que los otros no hay noticia de advertencia, pero usualmente no es tan destructivo como los otros. Entonces, ¿cuál es el peor tipo de desastre? La repuesta es muy fácil y obvia…el desastre que me toca vivir a mí es el peor."
Cada uno de nosotros sentimos que nuestro desastre es el peor porque es el que estamos experimentando. Esta es la verdad. Pregunte a la gente de la costa de la Florida o de Nueva Orleans, y le dirán que Katrina fue el peor desastre que han vivido. Hable con la gente de Tennessee, California, Washington, El Salvador o Sumatra y le dirán que su desastre es el peor, porque es el que conocen.
Necesita recordar esta lección cuando usted está ayudando a su comunidad durante el paso de un huracán o al enfrentarse a otro desastre natural. Probablemente, una persona no ha experimentado nada igual a lo que le está pasando. Su vida cambia para siempre. Ha perdido mucho: su casa, ropa, recuerdos, y muchas otras cosas más. Es posible que la persona experimentó la pérdida de una mascota o un miembro de su familia. La primera cosa que él o ella necesita hacer es contarle a alguien lo que le pasó.
Escuchar
La primera cosa que la iglesia necesita hacer en una situación de emergencia o desastre es escuchar a las personas. Somos seres humanos y por siglos y siglos hemos tratado de contar nuestras historias a otros. Desde la Era de las Cavernas, el ser humano ha contado sus historias; ha compartido algo bueno o malo a otra persona.
Cada vez que Jesucristo encontraba a una persona en necesidad, lo primero que él hacía era escuchar. Él escuchó las súplicas de Jairo cuando su hija acababa de morir; las palabras de reproche de Marta, la hermana de Lázaro, después de la muerte de su hermano: "…si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto" (Juan 11.21, NVI).
Cuando usted encuentre una persona en necesidad, escuche su historia. Ella necesita comenzar el proceso sanador de contar lo que le pasó y vaciar su corazón de la mala experiencia y permitir que sea llenado de lo bueno. Se puede hacer esto en contexto de consejo uno a uno o en contexto de adoración y oración. Permita a la gente compartir y apoyarse unos con otros. Complemente las historias con la oración, himnos y las Escrituras para dar paso a una experiencia de sanidad, mediante la cual todos puedan ser sanados.
Después de los tornados en la Florida en 1998, visité a una señora que perdió su carro y tuvo muchos daños debido a que su cocina se inundó con agua. Hablamos casi quince minutos sobre cómo la iglesia podía ayudarla. Sin embargo, conversamos unas cuantas horas sobre su vida su enfermedad, sus niños, sus problemas financieros y trabajo. Ella simplemente quería hablar. Y Jesucristo estuvo allí para escucharla a través de su cuerpo, la iglesia.
Suplir las necesidades físicas
Necesita también proveer para las necesidades físicas del ser humano sobreviviente del desastre. Estas necesidades son, por ejemplo: agua, comida y albergue. La iglesia o la familia de fe puede proveer las tres necesidades.
El agua es la necesidad más común. Cada persona necesita tomar un galón de agua cada día. No obstante, se necesita agua adicional para el aseo personal y lavar la ropa. También, se necesita tener hielo, especialmente en las áreas del sur. Un problema de salud muy común en áreas de mucho calor es la hipertermia cuando el cuerpo se deshidrata y la temperatura se eleva. Esta condición puede ser muy peligrosa, sin embargo se puede prevenir al beber suficiente agua.
Después del agua, la comida es otro elemento esencial para los sobrevivientes de un desastre natural. Se debe tener al alcance alimentos no perecederos, tales como: galletas, carne enlatada, al igual que frutas y vegetales. Es importante se provea una dieta alta en carbohidratos que ayude a las personas a restablecer su energía física. Esto es, ya que las personas al experimentar miedo y otra clase de sentimientos fuertes gastan mucha energía, porque su cuerpo está listo para luchar contra las inclemencias del tiempo o correr. Además, las personas van a querer hacer algo buscar sus cosas, limpiar la casa y más.
El asunto de proveer albergue es lo más difícil. Es altamente recomendable llamar a la Cruz Roja local para preguntar sobre las reglas que deben tener los albergues. De esta manera podrá verificar si su iglesia puede funcionar como albergue ante la amenaza de un desastre natural. Si su iglesia no reúne los requisitos establecidos por la Cruz Roja para ser un albergue, ésta le puede informar sobre los lugares considerados como albergues oficiales.
Después del desastre natural...
Hay tres pasos a seguir en el proceso de ayudar luego de un desastre natural: respuesta, alivio y recuperación. Es como Jesucristo hizo con la muchedumbre. El vio su necesidad de comida y con un poquito de pan y peces, respondió a esa necesidad al alimentar a todos. Con fe, la iglesia puede hacer lo mismo.
En referencia a los otros dos pasos alivio y recuperación, estó en contacto con las agencias y otras iglesias en su comunidad para crear una organización que puede cubrir las necesidades a largo plazo. También, esté en contacto con el Comité Metodista Unido de Auxilio (UMCOR, por sus siglas en inglés; http://gbgm-umc.org/umcor/) para accesar información sobre ayuda, avisos y recursos para servir a su comunidad en su peor desastre...el desastre por el que su comunidad pasó o vivió.
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