Así como perdonamos a los demás…
por Cherie Parker
Traducción por Paula Martínez de Carpizo
“…como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores” (Mateo 6.12, Santa Biblia, Nueva Versión Internacional. © por la Sociedads Bíblica Internacional). Esta frase del Padrenuestro es uno de los temas de los cuales nos cuesta más trabajo hablar. Una de las cosas más difíciles de hacer como seguidores/as de Cristo es perdonar a otros cuando nos han tratado injustamente. Sin embargo, ¡es exactamente lo que se nos pide que hagamos!
Cuando somos tratados injustamente
Ser cristiano/a puede ser fácil especialmente cuando todo va bien y nos llevamos bien con todos. Es fácil demostrar amor, camaradería y bondad cuando no ha habido ningún desacuerdo. ¿Pero qué sucede cuando alguien dice o hace algo que nos lastima? ¿Cómo nos sentimos después de haber sido heridos o tratados injustamente? ¿Cómo respondemos después de haber sido tratados de ésta manera?
En muchas ocasiones nos ponemos furiosos. Comenzamos a buscar formas para vengarnos y tomar represalias. Hemos sido lastimados y estamos determinados a hacer algo al respecto.
Muchos de nosotros hemos sentido en alguna ocasión que alguien nos ha tratado injustamente. En nuestro dolor y enojo comenzamos a construir un muro entre nosotros y la otra persona. Comienza a ser difícil platicar con la otra persona o mirarla a los ojos. Con el paso del tiempo, aún se nos hace difícil actuar con cortesía. Si permitimos que la ofensa se convierta en resentimiento llegaremos a ser consumidos por la amargura. Nuestro dolido orgullo puede llegar a ganar la batalla.
Sin embargo, si perdonamos a la persona tendremos la libertad para volver a ser amigos. Gozaremos de paz entre nosotros así como de paz interior. El muro es derribado y se abre una puerta hacia a una relación renovada.
Dios nos ofrece su perdón de forma gratuita.
Jesús es el mejor ejemplo acerca de cómo debemos perdonar a los demás. A través de historias como la del hijo pródigo, Jesús nos enseña la increíble profundidad del amor y del perdón de Dios. Jesucristo modeló la clase de perdón que debemos practicar a través de la forma en la que extendió su perdón a personas como la mujer sorprendida en adulterio o a la gente que lo crucificó. Debemos perdonar sin importar lo grande que haya sido la injusticia en nuestra contra. No sólo una o dos veces, sino hasta “setenta veces siete”.
Dios nos ofrece su perdón de manera gratuita. No podemos ganarlo ni tampoco lo merecemos. Sin embargo, Dios nos lo ofrece. Si escogemos aceptar el amor de Dios, aquella barrera que nos separaba de Él es quitada de en medio y se abre el camino hacia la reconciliación y a una relación renovada.
El hecho de escoger aceptar éste perdón puede producir en nosotros una verdadera disposición para perdonar a los demás. Tendremos el poder para amar y perdonar a la persona que nos ha ofendido. El perdón de Dios hacia nosotros nos ayuda a perdonar a los demás.
Puede ser difícil.
Aún así, a veces puede ser difícil perdonar a otra persona. Es difícil dejar a un lado el dolor y enojo que sentimos cuando hemos sido lastimados fuertemente. Es difícil decir: “te perdono”, sin embargo podemos pedirle a Dios que nos ayude a hacerlo. A través de la oración podemos pedirle a Dios que nos dé la fuerza para decir aquellas palabras que pueden comenzar el proceso de sanidad en una relación.
El perdonar puede darnos miedo, pues nos hace más vulnerables a la otra persona. Sin embargo, también puede derribar los muros que nos separan de los demás. Puede acortar la distancia entre personas para que las heridas puedan sanar y encontremos la paz.
Dios nos ha mostrado su increíble amor y misericordia al ofrecernos su perdón. La seguridad de que somos aceptados por Dios nos da la posibilidad de unirnos a las oraciones de otros cristianos a través de los siglos: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores” (Mateo 6.12, NVI).
Misericordioso Dios, ayúdame a recordar que tu amoroso perdón no es algo que yo pueda ganar. Me lo ofreces gratuitamente y lo único que tengo que hacer es aceptarlo. Ayúdame a darme cuenta que yo también tengo que ofrecer ésta misma clase de perdón a los demás. Dame el poder para ir con aquella persona que me ha ofendido y perdonarla para que así pueda haber sanidad. Ayúdame a siempre perdonar a los demás tal y como tú me has perdonado. Amén.
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