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10 pasos para vivir mejor tu vida

Traducción por Paula Martínez de Carpizo


  1. No dejes que las circunstancias te desanimen.
    Al comenzar cada día, toma la determinación de no “sucumbir” ante las circunstancias. Las circunstancias pueden llegar a ser como una excabadora [bulldozer] fuera de control que puede llegar a aplastarte. Si no puedes cambiar las situaciones negativas, no permitas que éstas te cambien.
    Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. (Filipenses 4.13, Santa Biblia, Nueva Versión Internacional. © por la Sociedads Bíblica Internacional.)

  2. Echa fuera de tu vida todo resentimiento.
    El resentimiento puede apoderarse de tu mente y corazón, afectar tu sistema nervioso y paralizar tu habilidad para vivir de la mejor manera.
    Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio. (Filipenses 4.8, NVI)

  3. Recuerda que eres un hijo o hija de Dios.
    Declara ésta realidad varias veces durante el día: “Soy un hijo/a de Dios. El día de hoy me comportaré, hablaré, viviré y daré como un hijo/a de Dios” Dios tiene bendiciones sin medida para ti.

  4. Realiza algo positivo todos los días.
    Decide que antes de que el día termine llevarás a cabo al menos una cosa positiva. Permite que ese acto sea dirigido a alguien más y que esté centrado en el amor cristiano. No lo hagas para tu propio beneficio o con la intención de que te devuelvan el favor.

  5. Da lo mejor de ti todos los días.
    Comienza cada día con esta oración: “El día de hoy daré lo mejor de mí. Amado Dios, dame en este día lo que sabes que voy a necesitar”.
    Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta. (Romanos 12.1-2, NVI)

  6. Mantén una lista de oración.
    Elabora una lista de oración y mantenla actualizada. En la parte de arriba escribe “Lista personal”. Confiesa tus pecados, deshazte de cualquier rencilla, renuncia a cualquier clase de envidia y ora para que Dios te ayude en todo. Da gracias a Dios por el perdón que has recibido y por el poder que te ha sido otorgado. Después haz una oración por aquellos a quienes amas, por tus compañeros de trabajo, por aquellos que no te simpatizan y por quienes te han pedido que los recuerdes en oración.

  7. Ofrece una amistad sincera.
    Habla con tus compañeros/as de trabajo expresando amor, aprecio y preocupación. Evita el hablar chismes sobre otra persona pues esto puede llegar a consumir tus energías. Utiliza esta energía para hacer tu trabajo lo mejor posible.
    El que refrena su boca y su lengua se libra de muchas angustias. (Proverbios 21.23, NVI)

  8. Sorprende a alguien con un gesto amistoso.
    Ponte en contacto con alguien de tu familia o con algún amigo por medio de una carta, una llamada telefónica, un correo electrónico o a través de una visita. Platica con alguien a quien no conoces muy bien y expresa una preocupación genuina.
    Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo. (Mateo 5.16, NVI)

  9. Conoce tus puntos débiles.
    No te concentres todo el tiempo en tus puntos débiles. Puedes estar consciente de ellos y trabajar para fortalecerlos, pero no permitas que se conviertan una obsesión en tu pensamiento.
    pero él me dijo: “Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad.” (2 Corintios 12.9, NVI)

  10. Puedes lograrlo con la ayuda de Dios.
    Comienza a creer que puedes vivir mejor tu vida – esa clase de vida que Dios quiere para ti. Ora, actúa, habla y trabaja sabiendo que Dios se preocupa por ti y por lo que haces con tu vida. Dios te ha dado el poder para vencer, para vivir la vida abundante que Cristo nos vino a revelar.
    Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor. (Efesios 6:10, NVI)

Adaptado del folleto escrito por Sam H. Coker.




 
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