Cómo responde Dios a las oraciones
Traducción por Paula Martínez de Carpizo
Jesús nos asegura que nuestras oraciones serán contestadas: “Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá.” (Mateo 7.7, Santa Biblia, Nueva Versión Internacional. © por la Sociedads Bíblica Internacional.)
Sin embargo, a veces dudamos. Podemos estar orando para que alguna relación rota pueda ser restaurada, para que un ser amado se recupere de alguna enfermedad o para que alguna amiga tenga éxito en una nueva empresa – pero después las cosas no resultan como nosotros esperábamos. Nos preguntamos si nuestras oraciones fueron contestadas o siquiera escuchadas.
¿Podemos creer que la promesa de Jesús: “Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre” (Mateo 7.8, NVI), es para todos? ¿Siempre?
Las buenas nuevas del amor de Dios
A lo largo de los años y a través de experiencias victoriosas, los cristianos han afirmado que Dios responde a la oración hecha con fidelidad. Dios escucha, entiende, se preocupa y actúa.
Los cristianos han descubierto el evangelio, las buenas nuevas del amor de Dios. El Creador y Redentor nos ama más allá de lo que nosotros mismos nos podemos amar, quiere lo mejor para nosotros y continuamente está trabajando para nuestro bien.
“¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si ustedes, aún siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan!” (Mateo 7.9-11, NVI)
Dios escucha la oración y responde más allá de nuestra imaginación.
Formas en las que nuestras oraciones son contestadas
La respuesta de Dios a nuestras oraciones no siempre es lo que esperamos. A veces puede ser difícil descubrir la respuesta. A veces es difícil de aceptar. Sin embargo, si escuchamos con cuidado podremos discernir la respuesta. Dicha respuesta puede llegar a ser de las siguientes maneras:
- Dios puede decir sí.
Cuando nuestras oraciones por los demás o por nosotros mismos coinciden con el bien que Dios quiere para nuestras vidas, encontraremos que nuestras peticiones llegan a ser contestadas. Nos regocijamos en la bondad de Dios y damos gracias por los dones y regalos que hemos recibido.
- Dios también puede responder a nuestras oraciones con un no.
Tal vez nuestras peticiones van en contra de los propósitos de Dios para la vida humana. O, aún cuando lo que estamos pidiendo sea bueno, puede ser que Dios esté preparando algo mejor para nuestras vidas. Un no de Dios es difícil de aceptar. Podemos sentirnos confundidos y aún enojados. Nuestra confianza en Dios puede flaquear. Sin embargo, si continuamos escuchando encontraremos el propósito detrás de la negativa de Dios y descubriremos aquel si que va más allá del no.
- Dios puede decir espera.
Dios no tiene tanta prisa como nosotros. Tal vez aún no estemos listos para recibir aquello que pensamos necesitar. Puede ser que necesitemos crecer un poco y así prepararnos para recibir algún regalo o don de Dios. Tal vez necesitamos cambiar ciertas circunstancias en nuestra vida antes de poder comenzar a usar lo que Dios nos ofrece. Y mientras esperamos, podemos aprender a orar de manera diferente, buscando y encontrando aquello que esté de acuerdo a la voluntad de Dios para nuestras vidas.
- Dios también puede responder con algo mejor de lo que nosotros buscábamos.
Puede ser algo que nosotros nunca hubiéramos pensado. Muchas veces éste es el caso. Con nuestro limitado entendimiento de las necesidades humanas, podemos estar orando por una cosa simplemente para descubrir que la respuesta es algo muy diferente. Al principio puede ser que ni siquiera veamos la respuesta, y en caso de llegar a hacerlo a veces nos sentimos decepcionados. Pero conforme aceptamos y vivimos con esta nueva respuesta podemos llegar a encontrarla aún más abundante, profunda y más duradera que cualquier otra cosa que tuviéramos en mente.
El misterio de la oración
La oración no es magia. El hombre primitivo solía creer en la magia, como por ejemplo la danza de la lluvia. Si esta danza se realizaba correctamente la lluvia descendía automáticamente, y si no lo hacía seguramente era porque los bailarines habían cometido algún error.
Pero la oración es diferente. Es una misteriosa conversación con el Dios vivo. En el transcurso de la conversación puede que aclaremos o aún hasta cambiemos aquello que anhelábamos. Por ejemplo, podemos comenzar orando para que un ser amado no muera. Pero es durante este diálogo con Dios en donde nuestra oración madura y de pronto nos damos cuenta que estamos buscando una relación más profunda con ese ser amado que está sufriendo, encontrando nuevas formas de poder compartir el amor de Dios con él o ella o bien, llegamos a tener mejores maneras de enfrentar nuestra pérdida.
Esto quiere decir que la oración es más acerca de escuchar que de pedir. En esta “conversación con Dios” necesitamos pasar más de la mitad del tiempo tratando de escuchar. ¿Cuál es la voluntad de Dios para ésta situación? ¿Dónde se está moviendo Dios? ¿En qué dirección nos está guiando Dios? ¿Cuáles cambios se han producido en mí? ¿Cuáles son las nuevas actitudes y comportamientos que se esperan de mí?
Tenemos un Dios soberano que continuamente está actuando y llevándonos junto con toda su creación a un día de shalom; aquel día en donde reinará la rectitud, paz, justicia y plenitud de Dios. Cada oración que hagamos y cada respuesta de nuestro amoroso Dios, son oportunidades que tenemos para dar nuevos pasos hacia ese reino venidero.
La oración es un misterio. A veces simplemente no sabemos cómo es que funciona. Sin embargo, sabemos con certeza que cuando venimos con fe a tener una conversación con el Dios viviente, nuestros más grandes anhelos son escuchados, refinados y aún contestados.
Misericordioso Dios, venimos ante ti pidiendo…buscando…tocando. Y a través de esta conversación compartimos contigo los deseos de nuestro corazón. Te escuchamos y sabemos que por el amor que les tienes a tus hijos e hijas, nos responderás. Ayúdanos a discernir tus respuestas, a aceptarlas y obedecerlas, a edificar nuestra vida sobre ellas y a hacer lo que nos pides. En el nombre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Amén.
Adaptado del folleto escrito por George E. Koehler.
|