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¿Cuál es el siguiente paso para los nuevos miembros?

Traducción por Paula Martínez de Carpizo

Podrías estarte preguntando: "¿Cuál es el siguiente paso? Ahora que soy miembro de ésta congregación, ¿qué es lo que puedo esperar y qué se espera de mí?"

La realidad es que la naturaleza de tu membresía en esta iglesia depende en gran parte de tí. Cada uno de nosotros cumple con sus votos de membresía de maneras distintas.

Sin embargo, sí tenemos ciertas expectativas como congregación. Tenemos cierto entendimiento sobre lo que significa ser un discípulo o discípula de Jesucristo. En forma general, podemos decir que somos guiados por los siguientes ocho compromisos y te invitamos a que también los hagas tuyos.

  1. Podemos venir tal y como somos.
    Podemos ser parte de esta comunidad sin necesidad de fingir nada. Somos libres para dejar atrás las máscaras que a veces usamos en nuestras demás relaciones y venir tal y como somos - con lo bueno y con lo malo.

    Encontramos que se nos acepta tal y como somos, que la gente nos conoce y nos ama a pesar de nuestros defectos. Claro que a veces nos juzgamos unos a otros - pero después tratamos de solucionar nuestras diferencias en amor. Es en este ambiente de cuidado mutuo en donde experimentamos el amor que Dios nos tiene y éste a su vez, nos impulsa a amar a los demás. Así que te invitamos a venir tal cual eres.

  2. Creamos un compañerismo.
    Juntos y con la ayuda del Espíritu Santo estamos construyendo una comunidad cristiana, un compañerismo entre creyentes. En nuestra congregación existen transparencia, amistad y cuidado. No siempre logramos ser la comunidad que Dios quiere que seamos pero estamos creciendo.

    En la medida que lo vayas descubriendo, te darás cuenta que este "compañerismo" a menudo sucede dentro de un grupo pequeño, en donde la gente puede conocerse mejor. Dentro de estos grupos pequeños podemos compartir nuestras alegrías, ilusiones y dolores. Es aquí en donde aprendemos las maneras prácticas en las que podemos cuidarnos los unos a los otros. Te invitamos a encontrar tu lugar dentro de las clases, grupos de compañerismo, grupos de servicio o dentro de cualquier otra organización en nuestra iglesia. Te pedimos que por tu bien y el nuestro, te conviertas en un participante activo en cualquiera de estos grupos que acabamos de mencionar.

  3. Continuamos en la jornada.
    Todos somos viajeros/as en el sendero de la fe y el discipulado. Aprendemos conforme caminamos, a veces avanzamos, a veces nos estancamos y a veces volvemos atrás. Pero queremos seguir moviéndonos, apoyándonos mutuamente a lo largo del camino.

    ¿Y cuál es nuestro objetivo? Nuestro objetivo es cimentar nuestra vida entera en Dios, revelado a través de Jesucristo. Poner el Reino de Dios como una prioridad en nuestras vidas y siempre hacer su voluntad. Seguir a un Cristo vivo a través de nuestro servicio entre la gente que Él tanto ama. Unirnos al Espíritu Santo en la transformación de este mundo. ¿Estarías dispuesto/a a comprometerte en esta jornada que dura toda la vida?

    La jornada cristiana no es fácil. Sin embargo, somos fortalecidos de las siguientes maneras.

  4. Nos reunimos para orar y adorar a Dios.
    Una parte central de nuestra vida como congregación es el reunimos como iglesia a adorar a Dios en forma regular. Es durante este tiempo en donde somos alentados por Dios para vivir una vida de fe y discipulado. A través de la alabanza, la confesión y el perdón, la confesión de nuestra fe como congregación, escuchando la interpretación de las Escrituras a través de nuestro pastor o pastora, mediante los sacramento o a través de volver a dedicar nuestras vidas como discípulos/as de Cristo, como podemos ser renovados y refrescados para continuar nuestra jornada.

    También podemos aplicar muchas de estas prácticas a nuestra vida devocional personal. Ya sea solos o con la familia, con nuestra pareja o con compañeros del trabajo, procuramos tomar un tiempo para la oración y el estudio regular de la Biblia. Algunos usamos guías devocionales como El Aposento Alto. Otras organizan sus devocionales alrededor de las diarias exigencias personales y sociales. ¿Qué es lo que tú acostumbras hacer? Te animamos a establecer un hábito regular de adoración a Dios tanto de manera individual como con tu congregación.

  5. Estudiamos los caminos de Cristo.
    Es a través de nuestra participación regular en la escuela dominical, grupos de estudio de la Biblia y otras oportunidades de aprendizaje en donde podemos crecer en nuestra fe y discipulado. Al hacer esto estamos construyendo poco a poco un puente entre la Biblia y la vida - que puede extenderse desde las riquezas de nuestra herencia hasta las preocupaciones cotidianas de la familia, la escuela, el trabajo y aquellos asuntos éticos difíciles de nuestra era.

    La Biblia no siempre es fácil de entender, sobre todo cuando se trata de las costumbres e idiomas de gente que existió hace tanto tiempo. Sin embargo, creemos que la Biblia contiene la Palabra de Dios para el día de hoy. Con el fin de descubrir, aceptar y aplicar el significado de las Escrituras, necesitamos ayudarnos mutuamente a estudiar la Biblia de una manera seria y te invitamos a formar parte de ello.

  6. Damos a Dios a otras personas.
    Creemos que somos administradores o mayordomos de los preciosos dones que Dios nos ha dado. Simplemente piensa en aquello que se nos ha confiado - ¡este maravilloso mundo y sus recursos, nuestras diferentes habilidades, la energía y tiempo para usarlos, un trabajo, recursos económicos, familia, amigos…!

    Damos gracias por estos dones y los usamos con cuidado. Escogemos invertir nuestro tiempo, talento y tesoros en maneras creativas que lleguen a hacer la diferencia. Servimos en nuestras congregaciones y comunidades de numerosas maneras. Y cuando se trata de nuestros recursos económicos, traemos a Dios los "primeros frutos", aquello que cuidadosamente hemos considerado como la mejor parte de nuestro ingreso, no dando a Dios sólo aquello que nos sobra. Muchos de nosotros guiamos nuestras aportaciones basados en el principio del diezmo (dar la décima parte de nuestro ingreso).

    Has recibido mucho, te invitamos a ser buen mayordomo de éstos bienes y te animamos a ser un dador.

  7. Invitamos a otras personas a unirse a nosotros.
    Lo que hemos hallado en ésta iglesia es demasiado bueno como para no compartirlo. Además, el Cristo resucitado nos envía diciendo: "Vayan y hagan discípulos". Tenemos el mandato de ir y dar testimonio de las buenas nuevas del amor de Dios a través de Cristo e invitar a otros a unirse a ésta comunidad de fe.

    Hacemos esto en parte a través de nuestras acciones, demostrando la forma en la que los fieles viven. En parte lo hacemos con palabras - compartiendo con los demás acerca de nuestra jornada de fe, compartiendo lo que esta congregación significa para nosotros e invitando a otros a visitar nuestra iglesia. Con otros compartimos la más importante pregunta acerca de la fe: "¿Cimentarías tu vida en Dios revelado a través de su hijo Jesucristo? ¿Te convertirías en parte del cuerpo de Cristo que es la iglesia?

    ¡Qué privilegio tan grande es cuando invitamos a otros a ser parte de esta comunidad de creyentes! ¿Harías parte de tu vida el testificar de ésta manera?

  8. Salimos a ministrar a otros.
    Nuestra congregación no es un fin en sí misma. Cualquier convivencia, adoración, estudio y mayordomía son con el fin de prepararnos para trabajar como discípulos de Cristo en nuestras comunidades y en el mundo entero. Cristo nos invita a unirnos al ministerio que Él ya está haciendo.

    Parte de nuestro ministerio puede ser a través de sencillos actos de amistad y bondad - escuchando a un vecino, visitando a una compañera de trabajo enferma, consolando a un niño. Otras formas de ministrar pueden ser un poco más complejas, como organizar un banco de comida en nuestra comunidad, unirnos al esfuerzo de alguna minoría con el fin de obtener condiciones adecuadas de vivienda, hablando a favor de la justicia ya sea en el lugar en el que vivimos o en otras partes del mundo y apoyando los esfuerzos para lograr la paz mundial.

    El ministerio al que hemos sido llamados no siempre es fácil. Pero somos impulsados al experimentar el amor de Dios en forma personal. Siendo atraídos por la majestuosa visión de la promesa de Dios de un mundo donde reinará la rectitud, la libertad, la paz y la justicia. ¿Te unirías a nosotros en este ministerio?

¿Qué es lo que sigue?

Nuestra congregación aún no está donde Dios quiere que esté. Todavía nos falta mucho. ¿Te gustaría ayudarnos a crecer? ¿Nos ayudarías continuando con tu crecimiento personal? Puedes llegar a hacerlo de las siguientes maneras:

  1. Viniendo tal y como eres;
  2. Ayudándonos a crear un compañerismo cristiano;
  3. Continuando con tu jornada de fe y discipulado;
  4. Adorando y orando de manera regular;
  5. Estudiando los caminos de Cristo, relacionando la Biblia con la vida diaria;
  6. Dando a Dios a otras personas;
  7. Invitando a otras personas a unirse a esta comunidad;
  8. Llevando a cabo tu ministerio en este mundo.

Misericordioso Dios, estamos agradecidos por tu gente en esta congregación y te damos gracias por cada miembro. Nos regocijamos especialmente por las personas nuevas que han pasado a ser parte de nuestra comunidad, que nos ayudan a ser más fieles a la misión que Cristo nos ha encomendado. Oramos para que tu Espíritu continúe guiándonos a una fe más profunda y a un ministerio más obediente. En el nombre de Cristo. Amén.


Adaptado del folleto escrito por George E. Koehler.




 
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